lunes, 28 de marzo de 2011

-La transposición del motero tranquilo a la sombra del perdedor-




Hoy tengo un dolor de tripas tremendo, los ojos pulverizados por la tensión y la tez pálida de un tuberculoso. Mi malestar suele ser agresivo, no obstante, no he tenido ataques de tos. Por suerte, he terminado pronto las labores rutinarias que ocupan mi día lejos de mi palacete personal, por lo que he podido dedicarme a reposar un tanto, comenzar a leer el primer libro en inglés avanzado de mi vida, Movie Top Ten de Dennis Hooper nada menos, qué raro eh jajaja, y ya de paso he visionado una de las películas más destacadas del libro: River´s Edge, traducida en España como Instinto sádico, temible aparentemente, cuando para nada lo es.


En ocasiones encontramos en las obras más pequeñas, un muestrario tan ideal de una generación, o de una vida, porque al fin y al cabo qué cojones será una generación, lo que no quiere decir que esa vida sea ideal ni muchísimo menos, que nos hace volver a caer en un estado cuasi depresivo, y totalmente fastidioso. Dennis Hooper hizo polvo el sueño americano y por ende el que todo el mundo poseía por aquel entonces, con su imprescindible “trilogía del perdedor”.


Pocos más pudieron considerarse autores de este movimiento, si se quiere David Carradine con su Americana, que le costaría más de una década completar a la maniera de Orson Welles, siendo por ello olvidada tras la fiebre de las películas sociales, pero paradójicamente “antisociales”. Parecerá que se trate de una contradicción mía, demasiada cerveza, demasiada cafeína o quizás una alarmante sobredosis de tabaquera, pero no es tan así. Si lo pensamos bien por un solo momento, en qué instante de la maestra Easy Rider podemos decir que sus protagonistas respondan a un modelo humano presumiblemente identificable, pues más bien en absoluto.


Como Jack Hunter dice en su libro sobre Hooper, los personajes de Buscando mi destino corresponden más a iconos, estados de ánimo de una época, que a personajes complejos y por tanto reales. Como todos sabemos, Dennis pagó muy caro el ser el único con cojones en una década en que casi todo el mundo parecía ser estéril por narices. Tras The Last Movie, el ostracismo, el exilio y la ignominia, doce años sin volver a pisar Hollywood salvo para colaborar con su amigo Henry Jaglom en Tracks, otra maravilla alucinante.


Doce largos años vagando por todo el mundo, incluso Australia, Francia, Inglaterra, Italia y quién sabe qué más países sin nombres tan famosos. Y un día de repente, continuación de Easy al canto con Out of the Blue, que más que un film de los ochenta parecía de los setenta. Sin embargo, Dennis había dicho su última palabra como niño terrible, no como adulto terrible. Al tiempo, Coppola, secretamente fascinado por la labor de aquel joven que había hecho por el cine lo que nadie había podido hacer, tambalearlo hasta caer de bruces por la resaca de absenta y marihuana pura, requirió de sus servicios como actor para reinterpretarse a sí mismo en Apocalypse Now y Rumble Fish, papeles escuetos, pero los mejores de ambos films, el toque de distinción, de rebeldía, que Coppola siempre buscaría, sin éxito.


Y después la desintoxicación, tras el rol en Hoosiers, Dennis ya no daba más de sí. Abandonó su carrera para recuperarse, y tras su regreso filmó seis películas en un mismo año, incluidas algunas de sus mejores experiencias como actor. “No busques más, tío”, le diría a Lynch, “Yo soy el jodido Frank Booth, sólo yo puedo hacerlo sin joder tu película”. Y recuperó el rumbo de su carrera, y de paso la del propio creador de Twin Peaks, que al igual que Spielberg con Tiburón, rodaría una horita de episodio piloto, dejando lo más jodido para los mandados.


Quién sabe entonces por qué motivo, alguien, un desconocido, decidió que Out of the Blue estaba muy bien para finales de los setenta, pero no tanto para las postrimerías de los ochenta. Alguien había metido la pata, y con una aguda sensación de vaticinio, el director Tim Hunter, decidió estampar en los morros de la gente la nueva proclama: ¿por qué demonios ahora nuestros jóvenes son basura? Según Hooper, la sociedad lo había convertido en un criminal, pero no en un verdadero criminal, lo que Dennis pretendía decir era que la respuesta a lo establecido, sería vista por todo el mundo como un acto desaforado de criminalidad, una ejecución del buen gusto en cualquier caso.


Loco, lo llamarían, mientras que a su buen amigo Andy Warhol simplemente lo nombrarían excéntrico, sólo porque éste, inexplicablemente, todavía daba mucho dinero, lo que nos da una idea del profundo esnobismo de una sociedad que ya comenzaba a apreciar la inutilidad y futilidad más insólitas, confundiéndolas inapreciablemente con el sentido del buen gusto, cuando en realidad, el cambio, el click, poco o nada tenía que ver con una cuestión de gusto.


Puede parecer estúpido, pero personalmente creo que fue ese el inicio de la caída de lo que pudo convertirnos en verdaderos héroes. Ya no más moteros, ni fumadas, ni folladas absolutamente reales, de ahora en adelante sólo habría degeneración, weirdos…Nuestra juventud se había convertido en caduca antes de tiempo, y lo que antes significaba, ahora era hedonismo bruto y duro, sin trasfondo. Estamos apocados no a nuestra extinción física, sino a la extinción de nuestra alma, que inevitablemente es tan endeble que asusta, demasiado vieja para morir joven, o chavales de 16 años que interiormente tengan más de cincuenta.


Hooper lo sabía, era uno de los pocos “clásicos” que seguía sabiéndolo, así que apoyó a Tim Hunter, su director, y realizaron una película sobre el fin, no una profecía como Out of the Blue, sino una sobredosis de la aplastante realidad que carcomía al ser. Muchos piensan que con el eslogan de “Hay una mancha en el sueño americano”, o “La muerte del sueño americano” se referían únicamente a los yanquis. Pues no se trata de eso precisamente, amigos míos, porque el sueño murió hace tiempo, para todos nosotros, el problema es que América es la primera en caer por tratarse de la jefa del mundo, y nada más. Y puesto que la jefa es una puta, pues el resto del mundo somos putas de segunda y tercera categoría. ¿Y qué podemos hacer nosotros, la gente de a pie? Creo que sólo una cosa: amar, conocer, evolucionar, y al fin y al cabo, amigos míos, ser mejores, y en definitiva, seguir vivos.

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